Los árboles están deshojados y marchitos en Guayaquil, una de las ciudades más violentas de América Latina y donde los escasos parques son oasis preciados. La culpa es de la cochinilla algodonosa, un insecto voraz que devora especies endémicas.

Su proliferación amenaza incluso a cultivos emblemáticos como el de banano, del cual Ecuador es el mayor exportador mundial.