Grandes sismos reactivan la alerta: ¿está RD preparada?

Una sucesión de movimientos telúricos en Venezuela, Filipinas, Chile y República Dominicana ha vuelto a colocar la amenaza sísmica en el centro de la atención internacional. Aunque los eventos ocurrieron sobre sistemas tectónicos diferentes y no existe evidencia de que formen una cadena conectada, todos dejan una misma advertencia: la magnitud del desastre depende tanto de la fuerza del terremoto como de la calidad de las construcciones y la preparación de las autoridades.

Venezuela: una catástrofe que cambió el escenario nacional

Venezuela sigue enfrentando las consecuencias de los dos grandes terremotos ocurridos el 24 de junio de 2026. Los movimientos, estimados inicialmente en magnitudes 7.2 y 7.5, causaron los daños más graves en Caracas y el estado de La Guaira, donde colapsaron viviendas y edificios de varios niveles.

Hasta el 14 de julio, el balance gubernamental ascendía a 4,734 fallecidos, 16,740 heridos y 17,907 personas sin hogar. Los trabajos de búsqueda, evaluación estructural y asistencia humanitaria continuaban tres semanas después de la tragedia.

El desastre también ha alterado el escenario político. Gobierno y representantes de la oposición anunciaron mecanismos de coordinación para la reconstrucción, mientras legisladores y organizaciones internacionales presionan para flexibilizar restricciones financieras que dificultan el acceso a recursos destinados a la emergencia.

Venezuela se encuentra en una zona tectónicamente compleja, marcada por la interacción entre las placas del Caribe y Sudamérica. El movimiento se distribuye entre sistemas de fallas como Boconó, San Sebastián y El Pilar, capaces de acumular y liberar grandes cantidades de energía.

La tragedia expuso, además, problemas que van más allá de la geología: construcciones levantadas sin suficiente control, edificaciones asentadas sobre suelos que pueden amplificar las ondas, dificultades de comunicación y limitaciones institucionales para responder a una emergencia de gran escala.

Filipinas continúa bajo presión sísmica

Filipinas volvió a registrar actividad sísmica el 14 de julio, con reportes preliminares de movimientos moderados en Mindanao y Masbate, cuyas magnitudes fueron situadas inicialmente alrededor de 5.1 y 5.2. Las cifras pueden ser modificadas después de que PHIVOLCS revise las estaciones, los tipos de onda y la localización definitiva.

El dato de magnitud 6.2 incluido inicialmente junto con esos movimientos necesita una verificación separada. El evento M6.2 claramente documentado ocurrió el 15 de junio en el sur de Filipinas, como parte del periodo de actividad posterior al terremoto M7.8 que golpeó Mindanao el 8 de junio.

Aquel terremoto mayor provocó muertes, deslizamientos, daños en viviendas y edificios, interrupciones de servicios y el desplazamiento de decenas de miles de personas. La recuperación se complicó por miles de réplicas, algunas suficientemente fuertes para obligar a rescatistas y habitantes a abandonar nuevamente las estructuras dañadas.

Mindanao está rodeada por zonas de subducción y fallas activas, mientras que Masbate es atravesada por un segmento del sistema de fallas de Filipinas. Esta estructura tectónica recorre aproximadamente 1,200 kilómetros del archipiélago y acomoda parte del movimiento oblicuo entre grandes bloques de la región.

Los movimientos de julio no significan que Filipinas se encamine inevitablemente hacia otro gran terremoto. Sí obligan, sin embargo, a mantener inspecciones en edificios dañados, revisar laderas inestables y evitar el regreso prematuro a estructuras afectadas por el evento de junio.

Un sismo superficial frente a Valparaíso

Un temblor de magnitud preliminar 5.2 fue reportado el 14 de julio a las 9:09 de la noche, hora local, frente a la costa de la región de Valparaíso, en Chile.

Los datos iniciales situaron el epicentro aproximadamente 48 kilómetros al norte-noroeste de Viña del Mar, con una profundidad cercana a los 16 kilómetros. Su carácter superficial favoreció que fuera percibido en Viña del Mar, Valparaíso y otras localidades del litoral y la zona central.

Chile se encuentra sobre uno de los márgenes tectónicos más activos del planeta. Allí, la placa de Nazca se introduce debajo de la placa Sudamericana, un proceso que produce frecuentes terremotos y que históricamente ha generado algunos de los eventos sísmicos más grandes registrados.

Una magnitud 5.2 no implica automáticamente la generación de un tsunami. Cualquier decisión de evacuación costera debe depender exclusivamente de los organismos oficiales chilenos y no de mensajes difundidos en redes sociales.

También pueden ocurrir réplicas, aunque no es posible afirmar de antemano cuántas serán, qué magnitud alcanzarán o si llegarán a ser sentidas.

Samaná reabre el debate en República Dominicana

El movimiento de tierra reportado el 14 de julio en la provincia de Samaná llevó nuevamente la preocupación al territorio dominicano. Cada temblor en el nordeste reactiva la memoria del terremoto y tsunami del 4 de agosto de 1946, el mayor evento instrumentado de la región del Caribe durante el siglo XX.

Ese terremoto alcanzó una magnitud de momento estimada en 7.8 y generó un tsunami destructivo. El evento principal fue seguido cuatro días después por otro sismo de magnitud cercana a 7.0.

República Dominicana ocupa una zona tectónica compleja entre las placas de Norteamérica y el Caribe. La deformación se distribuye entre fallas terrestres y estructuras submarinas, principalmente los sistemas Septentrional-Oriente y Enriquillo–Plantain Garden.

La ingeniera sísmica Claudia Germoso advirtió en una entrevista con AcentoTV que el país enfrenta una amenaza elevada y cuenta con aproximadamente 14 fallas activas conocidas. Identificó la falla Septentrional, en el norte, y la de Enriquillo, en el sur de la isla, entre las estructuras que requieren mayor atención.

Sin embargo, Germoso sostuvo que el mayor peligro no es únicamente la existencia de las fallas. El riesgo aumenta por la cantidad de viviendas informales, ampliaciones realizadas sin evaluación estructural, construcciones con materiales inadecuados y edificaciones levantadas sin considerar la respuesta sísmica del terreno.

“Las leyes no salvan vidas; lo que salva vidas es aplicarlas”, afirmó la especialista, quien reclamó una fiscalización más estricta de las obras y evaluaciones prioritarias en hospitales, escuelas, puentes y otras instalaciones esenciales.

Dale clic a la imagen para ver la entrevista completa a la Ingeniera Claudia Germoso entrevistada en el programa Mirada Femenina de AcentoTv

El suelo puede amplificar la destrucción

Uno de los elementos más relevantes de la entrevista es la advertencia sobre el efecto local del suelo. Una edificación puede haber sido calculada para resistir fuerzas importantes y, aun así, responder de manera peligrosa cuando su altura, rigidez y periodo natural coinciden con las características del terreno.

Los suelos blandos pueden amplificar determinadas ondas sísmicas. Cuando el movimiento del terreno y el de la estructura entran en resonancia, la demanda sobre el edificio aumenta. Esto ayuda a explicar por qué, durante un mismo terremoto, algunas zonas presentan numerosos colapsos y otras, ubicadas a poca distancia, sufren daños menores.

Germoso plantea que el país necesita ampliar sus estudios de microzonificación sísmica. Según explicó, existen trabajos en el Distrito Nacional, sectores de Santo Domingo Este y Santiago, pero todavía no se dispone de mapas detallados para todo el territorio, incluidos importantes polos turísticos.

La microzonificación permite clasificar los terrenos, estimar cómo amplificarán las ondas y definir qué tipo de estructura resulta apropiado para cada sector. En hospitales, puentes, centros comerciales y grandes torres, los mapas generales no son suficientes: se necesitan estudios geotécnicos y geofísicos específicos para el lugar de construcción.

Alerta temprana, pero no predicción

Germoso también propuso desarrollar un sistema nacional de alerta temprana. Este tipo de tecnología no predice el terremoto antes de que comience. Detecta rápidamente las primeras ondas y puede enviar una advertencia a lugares más alejados antes de que lleguen las ondas más destructivas.

El tiempo disponible puede ser de pocos segundos, pero serviría para detener ascensores, cerrar válvulas, reducir la velocidad de trenes, interrumpir procesos industriales y permitir que la población adopte una posición de protección. La utilidad depende de la distancia al epicentro: las comunidades situadas directamente sobre la ruptura pueden no recibir aviso anticipado.

La Red Sísmica del INTEC, dirigida por Germoso, opera instrumentos en el norte del país para monitorear la actividad y estudiar la falla Septentrional. El proyecto busca incorporar sismómetros y acelerómetros en otras regiones y generar registros locales que ayuden a diseñar edificaciones adaptadas a la realidad tectónica dominicana.

Qué hacer mientras tiembla

La reacción correcta no es correr hacia la calle mientras el suelo todavía se mueve. La recomendación de mayor consenso es agacharse, cubrir la cabeza y el cuello debajo de una mesa resistente y sujetarse hasta que termine la sacudida.

Aunque durante la entrevista se mencionó el llamado “triángulo de la vida”, esa teoría no constituye la recomendación general respaldada por los principales organismos de gestión sísmica. Intentar desplazarse para buscar un supuesto espacio de supervivencia puede aumentar la exposición a vidrios, muebles, fachadas y objetos que caen.

Una vez finalizado el movimiento, deben utilizarse las escaleras, evitar los ascensores, comprobar posibles fugas de gas y seguir las instrucciones de los organismos de emergencia. En zonas costeras, un terremoto fuerte o prolongado debe activar inmediatamente los protocolos oficiales de evacuación por tsunami.

Una advertencia para los gobiernos

Los terremotos de Venezuela y Filipinas muestran que la vulnerabilidad estructural puede convertir un fenómeno natural en una emergencia humanitaria y política. Cuando colapsan hospitales, carreteras, viviendas y sistemas de comunicación, también se debilita la capacidad del Estado para responder.

Chile aporta otra lección: las normas sismorresistentes, la supervisión técnica y la preparación pública no eliminan el riesgo, pero reducen sustancialmente la posibilidad de colapsos generalizados.

Para República Dominicana, el temblor de Samaná debe asumirse como una nueva llamada de atención, no como una señal de que pueda predecirse un terremoto inmediato. La prioridad debe ser identificar edificios vulnerables, corregir construcciones informales, completar la microzonificación, reforzar las infraestructuras críticas y establecer un sistema nacional de alerta.

La conclusión es directa: la próxima gran sacudida no puede fecharse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse. El futuro dependerá menos de cuándo se mueva la falla y más de lo que el país decida hacer antes de que ocurra.

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