Los registros climáticos confirman una tendencia sostenida al calentamiento global. De acuerdo con el meteorólogo del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), Wagner Rivera, el incremento de las temperaturas responde a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, fenómeno que impide que parte de la radiación solar escape al espacio y provoca un aumento progresivo del calor en la superficie terrestre.
“Desde la época preindustrial las temperaturas globales han venido aumentando. Los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático establecen que en 2024 el planeta alcanzó aproximadamente 1.5 grados Celsius por encima de los valores normales, producto del incremento de emisiones de dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero”, explicó el especialista.
Ese calentamiento global no solo incrementa la sensación térmica, sino que también prolonga los períodos de calor extremo y modifica el comportamiento tradicional del clima.
El impacto en la salud
Las altas temperaturas representan uno de los primeros riesgos para la población. Rivera advirtió que la exposición prolongada al calor puede provocar deshidratación, agotamiento físico y agravar enfermedades cardiovasculares y otras condiciones crónicas.
Las personas con afecciones preexistentes son las más vulnerables. Por ello, recomienda mantenerse hidratado constantemente, evitar la exposición directa al sol durante las horas de mayor radiación y permanecer en lugares ventilados.
Las ciudades cada vez más calientes
El crecimiento urbano también influye en el aumento de las temperaturas. La sustitución de áreas verdes por concreto, asfalto y edificaciones favorece la formación de las llamadas islas de calor urbanas, donde el calor permanece acumulado durante más tiempo.
Según Rivera, mientras el pavimento absorbe y retiene gran parte de la radiación solar, los árboles ayudan a disminuir la temperatura mediante la evapotranspiración, proceso que libera humedad al ambiente y contribuye a refrescar el entorno.
“La ausencia de vegetación impide disipar el calor con la misma eficiencia. Por eso las ciudades suelen registrar temperaturas superiores a las zonas rurales o boscosas”, señaló.
Menos lluvias y más calor
Los análisis elaborados por Indomet muestran cambios importantes en el comportamiento de las precipitaciones durante este año. Aunque marzo y abril registraron lluvias por encima de lo habitual, mayo tradicionalmente uno de los meses más lluviosos presentó un déficit significativo.
Las proyecciones climáticas indican que durante los próximos meses persistirán temperaturas superiores a los promedios históricos y precipitaciones por debajo de lo normal.
Rivera explicó que la influencia del fenómeno de El Niño favorecerá un ambiente con menos formación de tormentas y una reducción de las lluvias, condiciones que incrementarán el calor durante buena parte de la temporada.
El riesgo del estrés hídrico
Uno de los principales desafíos derivados de este escenario es la disponibilidad de agua.
Las altas temperaturas aceleran la evaporación del agua almacenada en presas, ríos y embalses, mientras la reducción de las lluvias limita su reposición natural.
De mantenerse estas condiciones, el país podría enfrentar un escenario de estrés hídrico, definido como la incapacidad de satisfacer completamente la demanda de agua para consumo humano, agricultura y producción.
El especialista explicó que el proceso comienza con una sequía meteorológica por la falta de lluvias; posteriormente evoluciona hacia una sequía hidrológica cuando disminuyen los niveles de las presas y, finalmente, puede convertirse en una sequía agrícola y social al afectar la producción de alimentos y el abastecimiento de agua para la población.
Agricultura bajo presión
La reducción de las precipitaciones también amenaza la productividad agrícola.
Con menos agua disponible, los cultivos reciben menor cantidad de humedad, disminuyen sus rendimientos y aumenta el riesgo de escasez de algunos productos agrícolas.
Esto, advierten los especialistas, podría tener repercusiones directas sobre la seguridad alimentaria y el costo de los alimentos.
El polvo del Sahara también influye
A este panorama se suma la llegada del polvo del Sahara, un fenómeno habitual durante la temporada ciclónica.
Wagner Rivera explicó que estas partículas son transportadas desde África por los vientos y, aunque pueden limitar el desarrollo de algunos sistemas tropicales al reducir la humedad disponible, también deterioran la calidad del aire.
Las personas con asma, alergias o enfermedades respiratorias son las más propensas a sufrir complicaciones, especialmente quienes residen en edificios de varios niveles, donde la concentración de partículas suele ser mayor.
Adaptarse al nuevo clima
Frente a este panorama, los especialistas insisten en la necesidad de fortalecer las acciones de adaptación y mitigación del cambio climático.
Entre las principales recomendaciones figuran reducir las emisiones contaminantes, proteger las áreas verdes, promover un uso responsable del agua, mantenerse hidratado, utilizar ropa ligera y protegerse durante los episodios de polvo del Sahara.
Aunque las proyecciones apuntan a una temporada con menos lluvias, Rivera recordó que eso no elimina la posibilidad de que se formen huracanes de gran intensidad.
“Puede desarrollarse un ciclón muy poderoso si encuentra las condiciones adecuadas. Por eso la población debe mantenerse atenta durante toda la temporada”, advirtió.
Las señales del cambio climático ya forman parte de la realidad dominicana. El calor extremo, la disminución de las lluvias y la presión sobre los recursos hídricos evidencian un escenario que obliga al país no solo a prepararse para eventos climáticos más intensos, sino también a replantear la forma en que gestiona sus recursos naturales y protege a su población.
